Noticias

El mRNA: un “Game-Changer” de la Industria Biofarmacéutica

El mRNA: un “Game-Changer” de la Industria Biofarmacéutica

Esta semana Pfizer ha revolucionado el mundo entero con el anuncio de los resultados preliminares (¡no definitivos!) de la fase 3 del ensayo clínico de su vacuna contra el SARS-CoV-2. Esta vacuna tiene una gran peculiaridad: es una vacuna de mRNA. Y, aunque ya hace alrededor de 20 años que se investiga el potencial del mRNA como terapia contra distintas enfermedades, no es hasta ahora que nos encontramos delante del que podría ser el primer medicamento aprobado y utilizado con este tipo de tecnología.

¿Cómo funciona exactamente esta vacuna?

Primero de todo, vamos a explicar de manera muy sencilla cuál es el funcionamiento de este tipo de vacunas. Empezaremos refrescando lo que muchos aprendimos en el colegio para entender cómo actúa la vacuna. La información genética de los seres vivos se encuentra en el DNA, que a su vez está dentro de todas las células. Para “transformar” esta información genética en una “acción real”, se hará una copia del DNA. Esta copia recibe el nombre de RNA mensajero o mRNA. Con este mRNA la célula será capaz de interpretar la información genética para llevar a cabo una acción (por ejemplo, producir una proteína).

¿Y cómo se integra este proceso en una vacuna para que acabe generando inmunidad contra un virus?

Las vacunas de mRNA para prevenir el Covid-19 introducen dentro de nuestro cuerpo fragmentos de mRNA. Estos fragmentos llegarán a nuestras células, que serán capaces de interpretar la información del mRNA. La información contenida en este mRNA permite a nuestras células producir una proteína que se encuentra en la envoltura del SARS-CoV-2, llamada proteína S. La proteína S por sí sola no genera ningún daño, pero es capaz de actuar como un antígeno (sustancia que genera inmunidad en nuestro cuerpo). Es decir, las células de nuestro sistema inmunitario podrán reconocer la proteína S y generar anticuerpos específicos contra ella. De esta manera si el virus llegara a entrar a nuestro cuerpo, ya tendríamos anticuerpos específicos que reconocerían la proteína S presente en la envoltura del virus. Y los anticuerpos neutralizarían y acabarían con el virus antes de que nos pudiera causar una enfermedad grave.

¿Cómo afecta esta nueva tecnología al proceso productivo?

Una vez explicado el funcionamiento de este tipo de vacunas, vamos a centrarnos en el proceso. En cómo se producen y cómo cambia respecto a la producción habitual de otros tipos de vacunas. Uno de los grandes retos que muchas veces comprometen la viabilidad de una vacuna es poder producir el antígeno en grandes cantidades, ya que son compuestos muy complejos. Una de las grandes ventajas de las vacunas de mRNA es que facilitan muchísimo el proceso productivo. Esto se debe a que, en vez de obtener un antígeno en la línea de producción de una planta farmacéutica, le damos la información a nuestro cuerpo (en forma de mRNA) para que el mismo produzca el antígeno. Si nos paramos a pensarlo tiene mucho sentido. Millones de años de evolución han hecho que nuestras células puedan producir proteínas con una efectividad altísima. Entonces, por qué producir las proteínas “artificialmente” fuera de nuestro cuerpo cuando el mismo las puede producir si le damos la información necesaria.

Así pues, lo que se debe producir en grandes cantidades en la planta farmacéutica es el fragmento de mRNA que contenga la información para producir la proteína S. El proceso es mucho más fácil que la producción de un compuesto recombinante. Consiste, básicamente, en añadir nucleótidos (moléculas de las cuales se compone el RNA), usando fragmentos de DNA como referencia y algunas enzimas que facilitan la síntesis. No usar organismos vivos (como es el caso en la mayoría de los otros tipos de vacunas), facilita muchísimo el escalado y la purificación, y reduce enormemente el número de contaminantes. Pero lo más interesante de las vacunas de mRNA es que se acorta muchísimo el tiempo de producción. Debemos tener en cuenta que el proceso productivo de ciertos tipos de vacunas puede llevar meses e, incluso, años en algunos casos. Por el contrario, una vacuna de mRNA puede estar lista en pocas semanas o días. Además, a nivel de proceso, los cambios entre vacunas de mRNA destinadas a prevenir distintas enfermedades son mínimos, lo cual posibilita la rápida adaptación de una línea de producción en el caso que sea requerido producir otra vacuna de la misma tipología.

¿Cómo influye este avance en “las reglas del juego” dentro de la industria farmacéutica?

Es cierto, que en varios aspectos el mRNA aún es una tecnología prematura y con mucho rango de mejora. Pero su versatilidad, junto con su gran número de ventajas, la hacen una tecnología muy atractiva. Y no solo para tratamientos de prevención, como las vacunas. Sino también para terapias curativas, es decir, una vez el paciente ya ha contraído la enfermedad.

El asentamiento de esta nueva tecnología va a acarrear, inevitablemente, cambios en los sistemas productivos, a los cuales nos tendremos que adaptar tanto los ingenieros, como las plantas de producción.

Si estás interesado/a en conocer más sobre procesos que impliquen terapias con mRNA y en cómo podemos ayudarte, contáctanos: klinea@klinea.es

 

Referencias

Único HUB farmacéutico en España

¿Quieres saber cómo podemos ayudarte?

Llámanos al +34 91 088 41 88